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Soplado al corazón
V Las cicatrices de la memoria

Ana y la importancia de lo invisible

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El tiempo, la pena, la soledad, la magia, el alma, la ausencia, tú… la ausencia…

Todo eso que no se ve y que, sin embargo, aquí está, ocurriéndome a cada instante.

En estos días de luces, espumillón y villancicos, tú y tu ausencia me ocurren en cada esquina. Me acontecen por todos los rincones. Se aparecen, se imponen, toman asiento.

Parece que no estás, pero tu presencia se escribe con mayúsculas. PRESENCIA.

El borrador del tiempo no consigue quitar tu nombre en la pizarra, Ana, debió de ser escrito con tiza indeleble y no se va.

Tampoco la goma de borrar puede esconder el lápiz que dibujó tu rostro en todas las paredes de mi hogar, mi casa, mi corazón.

Menos mal.

Quizá los demás ya no te pueden ver, como no ven las cosas invisibles, la ausencia, el tiempo, el alma, la pena, la soledad… pero yo, aún, todavía, siempre, puedo verlas con toda claridad.

No me tapes los ojos, Monotonía, no me pongas las gafas oscuras del olvido, no me quites la visión de todo, de eso, de lo importante.

Déjame seguir viéndola en todas las pisadas, confundiéndola en la acera con la niña vestida de uniforme, con la joven de

aquella moto blanca, con la chica de melena castaña, con la que pasea del brazo con su novio, con la que empuja el cochecito del bebé sonriente, que podría haber sido la risa de mis canas.

Estas navidades te cojo de la mano, te traigo con nosotros, te siento en nuestra mesa, una vez más y siempre, para evitar tu olvido y recordarle al mundo la importancia de lo que no se ve. TU IMPORTANCIA.

EscucharTe lo leo en voz alta