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Soplado al corazón
V Las cicatrices de la memoria

El dolor que duele el duelo

2 min de lectura

Cómo han podido pasar trece años…

Cómo se han ido las horas, como han venido los achaques, el cansancio y la ausencia…

Sin llamar a la puerta han entrado para quedarse.

No me hacen compañía, no la quiero…

¿Qué me paso?

Cada vez quiero menos compañía, gusto menos de la gente, del barullo, del barro.

¿Qué me paso?

Me paso que te quiero, te extraño, te reclamo.

Cuando te haces presente, potente, grande, poderosa, en días como hoy, donde hace 13 años se te llevó la muerte, el dolor regresa con todo su poderío.

El dolor dice, mejor dicho grita, ¡aquí estoy!, cómo te atreviste a olvidar, a pensar que no volvería, a soñar con que no ocurrió la peor pesadilla que un ser humano pueda imaginar.

Esto último me ocurre, a veces, cuando sueño. Olvido que murió. Ana, mi hija amada, está viva, viva, viva.

Sigue con nosotros, llenando mis días, creando recuerdos, cantando, saltando, riendo…

Y al despertar una puñalada atroz se hunde en mis entrañas, en mi centro, en mi línea de flotación, un poquito por encima del ombligo, cerca del corazón, donde duele el dolor del duelo.

Los que lo han pasado saben dónde digo.

Desde ese punto sube hacia la garganta, cerrando la glotis, dificultando el paso del aire, de la vida, haciéndote tragar si quieres seguir adelante, si es que quieres…

Pero el dolor que duele el duelo no acaba ahí, continúa su doloroso ascenso hacia arriba, llega al paladar y lo seca y lo conecta con el estómago que te recuerda a gritos nauseabundos que quiere vomitar el cruel recuerdo de su muerte y entonces la nariz se entumece, el lagrimal se abre y por sí solas brotan las lágrimas de su partida.

La frente se acartona, duele la sien derecha y la izquierda y el ceño se hace arruga, arruga muy lejos de ser bella.

Me pregunto si hay algo bello en esto que ahora escribo, que siento cada 13 de septiembre, desde hace 13 años, desde ese martes 13, 13, 13…

Siempre ha vibrado algo en mi interior que me hace buscar la belleza en todo lo que me rodea, en lo que vivo, pienso, percibo…

Hoy también buscaré lo bello.

Lo bello de este 13 de septiembre, de estos 13 años sin ella, lo bello del dolor, de las lágrimas, del duelo.

Lo realmente bello es ella, ANA, sus 19 años conmigo, su recuerdo, su presencia, su legado, su AMOR.

Y con eso me quedo que tengo que seguir, que ella dice que siga…

EscucharTe lo leo en voz alta