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Soplado al corazón
V Las cicatrices de la memoria

Música celestial

2 min de lectura

Si algo eras, además de todo lo que… “eres”… cambio el tiempo del verbo inmediatamente, en cuanto me doy cuenta del lapsus imperdonable, porque “eres”, en presente y si acaso en futuro, nunca en pasado… y continúo… si algo “eres”, eso es “CANCIÓN”.

Eres canción, Jacobo…

Eres la canción del buen amigo, la canción del alma, la ranchera eterna, la jota profunda de la tierra patria.

Eres la canción sincera, sencilla, discreta, hermosa, serena, serena como tu rostro amable y bello.

La canción sabida, la letra recordada en tu memoria prodigiosa, inteligente, sabia, cantada en las noches de cañas, de amigos musicales, cantores como tú, de guitarra en guitarra, de terraza en terraza, de piano en piano.

Eres la canción elegante del caballero español, del trovador de sueños, del esposo amado y amante de la esposa, del padre ciego de amor.

Cantabas andando, comiendo, riendo, viajando, no me duché nunca contigo, pero seguro que cantabas en la ducha, jijiji…

Y seguro, y por demás, que ahora cantas allí, sobre nosotros, si es que el cielo está arriba, que yo creo que no, que yo creo que el cielo está aquí, abajo, muy, muy cerquita, porque llevo la noche entera escuchando canciones que me cantas, al oído, muy dentro, aquí, en mi corazón. Donde nadie nos oye, donde descansas tu brazo sobre el mío, como hacen los amigos, los de verdad, los buenos, donde me dices: “Sí eres buena, Cristina, yo lo sé, ¿por qué a veces te empeñas en disimularlo tan enfurruñada y malhumorada?”. ¡Ay! Cómo me sabías… cómo me conoces, ¡tan bien!, como solo sabe conocer el buen compañero, que ve más allá de las palabras, de los llantos, de las noches oscuras, más allá del dolor y del desgarro.

Después de muchas horas, de vueltas en la cama, después de un malestar extraño, la boca del estómago cerrada a cal y canto, una náusea, un espasmo, un no sé qué me pasa, después de tantas horas, escribo esto y al fin la fuente brota, me permito llorar, en soledad, escondida, escondida de todos, de ti no, de ti, ni se me ocurre ni aunque quisiera me podría esconder, que ya estás aquí dentro, más cerca, más en mí, más para siempre, más junto a Ana, mi niña, mi angelito, que ya te da la mano, te besa en la mejilla, se funde en un abrazo de eternidad, de encuentro, y le das, de mi parte, otro más fuerte, otro abrazo más grande, tan grande como tú, como tu corazón, tu alma entera.

Cántale una canción, Jacobo amigo, cántale una canción cuando la veas, cuando llegues al cielo, cántale mi canción, la tuya, aquella que sabemos. Una canción que hable del Amor, el único, el que sana, ese que curará algún día la herida de tu ausencia, el hueco de tu marcha, el silencio que duele, el silencio que dejas.

Cántame esa canción… Jacobo, amigo mío…

EscucharTe lo leo en voz alta