Ya te echo de menos, mi vecina, mi amiga
Ya te echo de menos, mi vecina, mi amiga…
Tus visitas a mi porche, por la mañana temprano, con una rosa en la mano, ganas de charlar, de un café compartido y lleno de confidencias.
Tú bajas la hamaca la primera, te gusta madrugar, a menudo son los dolores los que vienen a darte los buenos días, otras el placer de ver salir el sol que calienta el Mediterráneo, el caso es que siempre me guardas sitio en la orilla. Yo leo, tú hablas por teléfono o me cuentas el último cotilleo divertido. Luego me invitas a champán, aunque yo ya no bebo, o me tienes preparada mi cerveza sin alcohol, fría, fría de verdad. Un pase de modelos con blusones y vestidos tan preciosos que parecen de la última pasarela de Dior, pero mira, me dices, este tiene más de 20 años, pues te queda tan bonito y elegante, te respondo y lo digo de verdad, que a modelo no te gana nadie. En mi coche de polizón, yendo y viniendo del mar. Me cuentas tus viajes, tus aventuras y desventuras, que no son pocas, lo aderezas todo con tu sarcasmo y tu humor socarrón y divertido. Me explicas tu vida, que a mí me parece una película de Hollywood, y te concedo un Oscar honorífico, bien logrado y mejor merecido. Preparamos tu próxima fiesta, quieres que estén todos, nadie puede faltar, y de nada faltará, correrá el champán, saltará el marisco de plato en plato, los ricos canapés, los mejores dulces y la buena música de nuestro tiempo, bailaremos hasta el amanecer y nos comeremos la vida de un bocado. No hay nada tuyo para tus buenos amigos, compartes tiempo, manjares y alegría como si no hubiera un mañana y ese mañana… llegó hoy…
Ya te echo de menos, mi vecina, mi amiga… hasta siempre, mi querida Pilar, Bárbara para los que tanto te quisimos… ¡ahhh! Y buenas noches.