El matrimonio
Mucho se ha dicho de esta honorable institución y quizá yo no pueda evitar hoy repetir algún que otro topicazo.
Me disculpo por ello con antelación.
El matrimonio puede ser muchas cosas: unos papeles razonables, un compromiso religioso, social y hasta moral, un contrato interesado, una tabla de salvación, incluso un suicidio personal.
Pero para mí significa dos cosas indispensables para vivir una vida saludable y feliz:
FAMILIA Y HOGAR
Estas dos cosas son las que quiero que celebremos hoy aquí.
Por un lado, una nueva FAMILIA que lleva forjándose 18 largos e interminables años, jijiji —les costó mucho decidirse—, y que une, a su vez, a dos familias maravillosas, la de Rosa y la de Jorge, que se gustan y se quieren tanto como ellos.
Sin olvidar a la gran familia de amigos que hoy celebran con nosotros el amor y la vida.
Por otro lado, un nuevo HOGAR, un templo con dos columnas separadas, independientes, fuertes, firmes y felices, llenas de proyectos e ilusiones propias y compartidas.
Estas dos columnas, Rosa y Jorge, sustentan el techo del hogar, del refugio donde se vuelve exhausto de la batalla diaria y de donde se parte cada mañana, reparado y dispuesto para afrontar los retos de la vida.
Os hablaré un poco de Rosita…
Tres cosas me gustaron desde el primer momento de mi nueva hija.
1. La primera, que era de pueblo como yo. No os riáis.
Por fin alguien entendía el orgullo de ser oriunda de un pueblo de Aragón.
Yo de Daroca, Campo de Cariñena, crisol de razas mozárabes y cristianas, encrucijada de caminos de guerras y cruzadas.
Ella de Sádaba, la joya de las Cinco Villas, cuna de reyes, origen noble de la historia de España.
En fin, no se puede decir más, aunque seguro que sí mejor.
2. Lo segundo que me gustó fue su maravillosa, entrañable y sincera familia. Me gustan todos y me gustan mucho. El amor que se tienen es un ejemplo diario para todos los que tenemos la suerte de conocerlos.
Gracias a todos los Arróspides aquí congregados.
3. Lo tercero es ese hogar que año a año, miguita a miguita, con esmerada paciencia, cariño y confianza he visto que han ido construyendo entre los dos.
Gracias, Rosita, por haberle dado a mi hijo una familia, un
hogar y, sobre todo, UN PUEBLO. Jijiji.
Mi hijo se estará preguntando en este preciso momento —cuándo narices va a empezar mi madre a decir algo bueno de mí—, pero es que de él me gusta todo, todo, todo.
Me gusta su orden, su limpieza, su sentido del humor, su risa, su carácter, su disciplina, su voluntad, su inteligencia, su bondad, su inocencia, la ilusión que pone en todo lo que hace, pero por encima de todo me gusta su belleza sin par.
Todavía no me explico cómo ha podido salirme algo tan perfecto.
Y no me enrollo más.
Solo daros las gracias a todos los que habéis querido compartir este día inolvidable con nosotros y recordar a todas las personas que hoy no están aquí en cuerpo, aunque sí en ALMA.
Especialmente no puedo dejar de nombrar a nuestra Anita y al padre de Rosita, Antonio…
Los llevamos en nuestros corazones siempre, pero hoy, muy especialmente.