Gestión de Navidad
Con lo bien que gestiono el día a día, qué mal se me dan las fechas señaladas, ¡narices!
La Navidad da vértigo y un poco de miedo por tu ausencia.
En el fondo, no sé si me fastidia del todo o me gusta un poquito el reencuentro con la pena de no tenerte aquí.
Hay algo de mí, una parte recóndita y perdida debajo de alguna vieja alfombra, que se congratula con la nostalgia que envuelve tu recuerdo.
Es una punzada.
Es un cosquilleo inconsciente.
Un abrazo cálido que viene de otros espacios, de otros días.
Un achuchón de amor.
Un contacto furtivo.
Una caricia de seda.
Un beso de aire.
Un te quiero soplado al corazón.
Vuelves a mí y te reconozco en todo.
Hoy, 24 de diciembre, te quedarás conmigo todo el día.
Nos lavaremos juntas los dientes.
Haremos juntas la sopa de la noche.
Pondré lo que te gusta en la mesa. Escucharemos villancicos pasados de moda.
Cantaremos alguno y alguno lo bailarás para mí.
Nos pondremos bien guapas y nos iremos a misa del gallo. Ahora la hacemos a las siete.
Allí abrazaremos a la familia de siempre, a los amigos cercanos, a los que están y a los que no han podido llegar.
Brindaremos en la cena por nosotras, por la vida en todas partes, en todas sus formas, en todos sus tiempos.
Brindaremos por todos los que nos abrazaron algún día como este.
Reiremos los chistes malos del tío Toño, y la tía Marta te preguntará a quién has visto por allí arriba y compartirás con ella confidencias.
Jugaremos a juegos divertidos con los primos esperando que no terminen nunca.
Tu hermano te hará reír con abrazos de cosquillas y tu padre no dejará de mirarte ni un segundo.
Me pasarás cada plato bien aclarado para meterlo limpio en el lavavajillas mientras me cuentas cómo anda todo por el cielo.
Nos iremos a dormir de la mano, nos taparemos bien y juntaremos los pies fríos para darnos todo el calor que nos faltó todo el año y, un año más, nos abrazaremos hasta derretirnos la una con la otra, deseándonos dulces sueños y una feliz Navidad.