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Soplado al corazón
I El arte de vivir y escribir

La historia de mi TOC

2 min de lectura

Trastorno obsesivo-compulsivo: “Llevar el pelo bien”.

¿De dónde me viene?

De mamá.

El pelo de papá, propietario y regente vitalicio de la Pensión del Peine, era extraordinario.

Abundante, ondulado, dotado de un brillo refulgente, casi sobrenatural.

Nada que objetar.

Lo de mamá, era otra cosa.

Hasta mis diez años, viví pensando que la belleza del pelo de mi madre rivalizaba con ventaja y honores, sobre la de mi padre.

Infeliz de mí.

Todo acabó el día en que la descubrí quitándose la peluca frente al espejo de su tocador.

¡Peluca, era peluca!

Su verdadera cabellera era indescriptible.

No la hubieran deseado ni los indios sioux de una película del oeste.

Lacia, escasa, de color pelo, indefinible.

En fin, la base de su obsesión y de la mía… llevar el pelo bien. Junto con el TOC, el mal pelo, las pelucas y las lacas, heredé la pensión y aquí me tienen.

Soltera y por fin feliz, a mis sesenta.

Viviendo una segunda adolescencia, gracias a las series coreanas y a sus guapos galanes, suaves y delicados a la par que varoniles, y gracias también, y sobre todo, al hermoso cabello que puebla mi cabeza desde hace poco menos de tres años.

El bendito cáncer obró el milagro.

Tras someterme, a regañadientes, a un brutal tratamiento de quimioterapia, y disfrutar durante nueve meses de una calvicie, cuando menos interesante, ha querido tener a bien crecer sobre mí, este magnífico y asombroso pelamen. Abundante, blanco y brillante como el de papá.

¡Que me miro al espejo y no me reconozco, oiga usted!

Se podría decir que mi suerte cambió, justo cuando estaba a punto de darme por vencida.

Al recibir la noticia del alto grado de malignidad de mi enfermedad lo primero que pensé fue en vender la pensión.

Mamá y papá, desde el más allá, no tendrían en cuenta, mi sabia decisión para intentar sobrevivir en el más acá.

Pero el destino quiso que ningún comprador apareciera y solo tuve que mantenerla cerrada un año y medio, durante el cual inauguraron la nueva estación de autobuses de la localidad, en la acera de enfrente.

¿Se lo pueden creer?

Ahora, la Pensión del Peine va mejor que nunca.

He tirado todas las pelucas de mamá y gracias a mi nuevo estilismo “cabellil” me ha salido un novio más joven que yo.

Tiene rasgos asiáticos y me trata como a una reina. Puede que le guste mi pelo tanto como mi negocio, pero a mí plin.

Después de una vida entera sin reconocerme en los espejos, ahora me miro y solo veo a Carolina Herrera.

Sigo sin ser yo, pero me gusto mucho más y sobre todo le gusto al señor Lei, que, entre otras muchas virtudes orientales, cocina como los ángeles “chinos” y tiene a los huéspedes maravillados con su pato laqueado.

Mi TOC es historia y un brillante futuro, como mi pelo, se abre ante mí.

EscucharTe lo leo en voz alta