Mi sensei y un poquito de metaliteratura

Mi maestro y sabio mentor de escritura creativa es un hombre con barba, bien parecido, inteligente y capaz, que, por alguna extraña razón, ha perdido la cabeza.
Atiende al nombre de Miguel Ángel.
¿Qué te parece, Miguel Ángel?
¿Te ves reconocido en mi somera descripción?
No respondas, era retórica.
Y a vosotros, compañeros escritores —en mi grupo somos unos 10—, ¿qué opináis del verdadero estado mental de nuestro amado instructor?
Silencio, no respondáis, solo estoy jugando a romper la cuarta pared.
Continúo.
Queridos lectores, todas las semanas nuestro tutor nos encarga la escritura de un relato breve, sobre temas variopintos, insospechados y ocurrentes, que tienen la virtud de estimular mi imaginación creativa y mis supuestas capacidades de novel escritora, con «v», claro está.
Aún me falta mucho pelo pa moño…
Solo estoy empezando, se podría decir así, en este noble y tristemente popularizado arte de escribir.
La naturaleza del encargo enloquecido de esta semana la
tendréis que adivinar una vez leído o escuchado mi relato.
Se podría titular: «Metacuento de ayer y de hoy».
Y diría más o menos así:
«Esta es Alicia, que, persiguiendo al elegante y apresurado conejo blanco, cae por el hueco de un ascensor, pero, en lugar de bajar hacia abajo, sube hacia arriba.
Llega volando a un hermoso mar de nubes de algodón blanco y rosado, comestibles, dulces y sabrosas.
Si Alicia come un cachito de una nube blanca, vive feliz para siempre en un país de ensueño llamado Matrix.
Pero, si come un pedazo de nube rosada, cae, sin solución de continuidad, hasta las profundidades de una metarrealidad nueva y desconocida, que no sabe si será capaz de tolerar.
Todo esto se lo explica un enorme gato mágico, que aparece y desaparece a su antojo, y que recibe el nombre de Morfeo…»
Salgamos un momento del cuento.
Es que no me puedo contener.
Tengo que contaros que Morfeo es el dios de los sueños, hijo de Hipnos.
¡Es tan bonita la mitología!
Me gusta mucho la griega, si bien la hinduista no tiene nada que envidiarle.
Ya sé, ya sé, Miguel Ángel, lo que estás pensando, y tú, Sandra, posiblemente también: creéis que estoy tirando de Wikipedia, y eso no os gusta ni ver.
Pues os aguantáis los dos.
No podéis decir nada porque aquí mando yo.
Siento deciros que soy la escritora, narradora y, por lo tanto, la directora general y madre abadesa de esta novedosa historia.
Yo diré lo que podéis decir, hacer e incluso pensar.
Yo tengo el poder y ¡madre mía si me gusta!
Estoy empezando a experimentar una grata sensación de «ordeno y mando», verdaderamente nueva y excitante.
Ahora mi sensei, Miguel Ángel, suspira y sonríe con admirada sorpresa y me dice: «…»
Aquí, en este momento, dejo hablar al «Miguel Ángel de verdad», al real, al que se sienta a mi lado en clase.
Confío en que diga algo verdaderamente ocurrente.
No espero menos de una mente brillante como la suya.
Así que, adelante, maestro, te concedo el placer de poner punto y final a esta locura, si es que todo esto existe en la realidad.
Pero espera…
Todos los presentes sonríen y escuchan con impaciencia lo que nuestro sensei tiene que decirnos…
Esperad un poco más…
Primero os leo la moraleja y después dejo hablar a mi maestro.
Si merece la pena lo que tenga que decir, lo contaré a mis lectores en mejor ocasión.
Moraleja:
Si yo no tengo ni idea sobre el tema que ha de inspirar mi escrito de esta semana, vosotros no tenéis por qué saber cuál es el encargo que me ha hecho Miguel Ángel.
Puesto que yo no he entendido nada, quedaos vosotros igual.