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Soplado al corazón
IV Vidas ajenas

Un soleado apartamento

3 min de lectura

A.

El apartamento es pequeño pero soleado.

Me costó mucho encontrarlo.

Es caro, pero está cerca de la oficina y ya no tengo que madrugar tanto.

Un séptimo A.

En el B no sé quién vive.

B.

La vecina de la puerta de al lado parece una buena chica.

La observé de refilón hablando con el conserje. Me produce cierta tranquilidad saber que está cerca.

Fíjate tú que tontería.

A.

Desde hace unos días escucho ruidos extraños en el piso contiguo.

Parece que mi cama colinda con la cama de mis vecinos.

Quizá no duermen bien.

No sabría decir.

Son como golpes.

Cuando parece que van a parar comienzan de nuevo.

Suelo dormir con mis auriculares escuchando la radio, algún audio libro o música suave.

Nunca he prestado mucha atención a las vidas ajenas.

B.

Él, ha regresado a las andadas.

Llevaba unas semanas más tranquilo de lo habitual.

Con los antibióticos no se puede beber alcohol.

La infección ha remitido y el infierno ha vuelto.

A.

Esta noche me he despertado sobresaltada.

Parece que los golpes vienen acompañados de algún tipo de gemido o lamento, que no logro identificar.

B.

No me deja gritar, si lo hago me matará, ahora hay vecinos.

Me tapo la boca con un pañuelo mientras me golpea una y otra vez.

¿De dónde sale tanto odio?

A.

Hoy he coincidido en el ascensor con la pareja que vive en el B.

Él parece encantador, quizá demasiado.

Ella es extraña.

Callada, cabizbaja, demasiado tapada. Llevaba unas enormes gafas oscuras que no le favorecen en absoluto. Alguien debería decírselo.

B.

No puedo más. Me duele todo el cuerpo, pero lo peor es lo de la cara.

No quiere que salga sola a la calle.

Hemos subido con la vecina nueva en el ascensor.

Creo no se ha dado cuenta de nada.

A.

Los extraños golpes han vuelto con más fuerza y los gemidos van acompañados de un llanto silencioso.

Me empiezo a preocupar y anoto la frecuencia con que los escucho para buscar algún tipo de patrón de comportamiento.

B.

Temo por mi vida.

Esto no va a parar.

Está desquiciado. Esconderle las botellas de alcohol no sirve de nada, solo le pone más furioso.

A.

Hoy he llamado a un número de ayuda a las víctimas de malos tratos. Muy amables, pero la denuncia tiene que ponerla la persona agredida.

Meras sospechas no valen.

Avísenos si le consta que hay vidas en peligro.

B.

Espero que la vecina nos haya escuchado y pueda ayudarme de alguna forma. Sé que es una vana ilusión, pero me agarro con desesperación a ese clavo ardiendo.

A.

Estoy pensando en mudarme.

B.

Por favor que no se mude.

A.

Hoy han deslizado por debajo de mi puerta una nota.

“AYÚDAME”, con letras grandes y aterradoras.

B.

Me ha visto deslizar el papel por debajo de la puerta. No sé cómo ha podido ocurrir, pero me ha visto. Hoy la paliza ha sido de las peores. Me pregunto cuánto tiempo he permanecido inconsciente.

A.

He vuelto a encontrar una nota en el suelo de la entrada.

“Si hablas, mueres.”

B.

La puerta de la terraza está abierta.

La brisa de la madrugada baila con las cortinas. Alcanzo a duras penas a incorporarme sobre la barandilla.

Ahí abajo se ve todo tan pequeñito.

Estoy segura de que no va a doler…

A.

El apartamento es pequeño pero soleado.

Está más lejos del trabajo de lo que me hubiera gustado, pero es silencioso y tranquilo.

Tendré que madrugar más.

Me odio a mí misma.

No sé en qué tipo de persona me he convertido dándole la espalda al horror.

La culpa lo está invadiendo todo.

EscucharTe lo leo en voz alta